El 15 de  septiembre se conmemora el Día Mundial del Linfoma, una enfermedad de la sangre que aparece cuando los linfocitos, las células que nos protegen contra las infecciones, presentan un defecto que por un lado, prolonga su vida de manera anormal y, por el otro, hace que se reproduzcan de forma descontrolada. 

“La conmemoración de este Día Mundial se inició en 2004 con el objetivo de crear conciencia pública tanto sobre el linfoma Hodgkin como el no-Hodgkin, para ayudar a reconocer de los síntomas, a establecer el diagnóstico temprano y a administrar el tratamiento adecuado”.

Estas células se encuentran fundamentalmente en los ganglios linfáticos, sin embargo también pueden estar presentes en otros muchos órganos, como intestino,  bazo,  hígado,  pulmón, y la médula ósea, entre otros.

Tradicionalmente los linfomas se clasifican en dos grandes grupos: el Linfoma de Hodgkin  y el Linfoma no Hodgkin, donde la diferencia entre ellos radica en el tipo de células que afectan.

En 2003 en México, el linfoma no Hodgkin fue la tercera causa de cáncer en hombres (7.83% de las neoplasias registradas), después del cáncer de piel y próstata. En mujeres el linfoma fue la sexta causa de cáncer (3.97% del total de cáncer en este sexo). Asimismo, se ha observado tendencia al incremento en la frecuencia de los linfomas. La mayor incidencia del linfoma ocurre en la etapa productiva del individuo, presentándose el linfoma no Hodgkin el 90% entre los 40 y 60 años de edad, en cambio los linfomas de Hodgkin se presentan en edades más tempranas, entre los 20 a 29 años.

¿CÓMO PUEDO SOSPECHAR QUE TENGO UN LINFOMA?

Diagnosticar un linfoma en sus comienzos puede ser difícil, ya que sus síntomas iniciales son muy inespecíficos,  como cansancio, fiebre o sudoraciones en la noche, mismos que se pueden confundir fácilmente con enfermedades comunes, como algunas infecciones.

“La falta de información en este tipo de enfermedad cuyos síntomas son muy generales, hace que pase inadvertida y que su diagnóstico y tratamiento se compliquen.”

El síntoma más importante es  un aumento de tamaño de una ganglio linfático de manera progresiva, indolora, más comúnmente en cuello, axilas o ingles.

Siempre que se tenga la sospecha es imprescindible una biopsia de los ganglios sospechosos.

Una vez confirmado el diagnóstico se deberá realizar el estudio de imagen de extensión como lo es la tomografía, con el fin de  valorar que otros sitios pueden estar involucrados.

¿CUÁLES SON LOS FACTORES DE RIESGO PARA CONTRAER ESTA ENFERMEDAD?

Si bien no existe un factor único predisponente, existen algunos factores que se han asociado en algunos tipos de linfoma, como lo son:

Algunas enfermedades infecciosas como la causada por el virus de Epstein-Barr, Helicobacter Pylori, y los infectados con VIH tienen un riesgo aumentado de padecer esta enfermedad.

Pacientes tratados con algunos medicamentos de quimioterapia y/o que hayan recibido radioterapia para tratar otros cánceres.

Las personas con deficiencias en el sistema inmunológico por tratamientos inmunosupresores, por ejemplo en trasplantados o algunas enfermedades autoinmunes, tal como la artritis reumatoide o el lupus eritematoso sistémico.

¿CUÁL ES EL TRATAMIENTO?

A grandes rasgos el tratamiento de los linfomas se realiza inicialmente con quimioterapia, utilizando la radioterapia como tratamiento de consolidación aquellos con linfomas de gran tamaño o con enfermedad persistente.

Los linfomas son tumores que frecuentemente alcanzan la curación, especialmente en los últimos años con la aparición de nuevas terapias biológicas.

El pronóstico de esta enfermedad es muy variable y depende del  subtipo, estadio y respuesta al tratamiento.

El médico especialista encargado del estudio y tratamiento de esta enfermedad es el medico hematólogo, así que si tiene alguna sospecha respecto a esta enfermedad debe acudir a una valoración.

 

 

Dra. Sandra Martínez
Hematóloga

 

 

 

 

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