Es la enfermedad degenerativa del sistema nervioso más frecuente luego de la enfermedad de alzheimer. Es una afección degenerativa y progresiva como consecuencia de la pérdida de neuronas productoras de una sustancia química llamada dopamina, un neurotransmisor muy importante para la función motora.

En México no existen estadísticas que midan el total de enfermos de parkinson, sin embargo se ha estimado una prevalencia es entre 40 a 50 casos por cada 100,000 habitantes al año y ataca aproximadamente al 3 por ciento de la población mayor de 65 años a nivel mundial.

Entonces, ¿es una enfermedad exclusiva de adultos mayores?

No es exclusiva de adultos mayores, se ha vuelto muy común observar este mal en personas que van de los 40 a los 65 años de edad, pero hay casos de personas de menores rangos de edad que presentan el trastorno, este se conoce como parkinson juvenil debido a su transmisión hereditaria.

La presencia de la enfermedad en etapas tempranas se puede deber a factores ambientales como el consumo de drogas, exposición a plaguicidas y actividades de riesgo como el boxeo.

 ¿Cómo comienza la enfermedad?

La etapa de síntomas comienza con temblores, torpeza en algunos movimientos, rigidez, lentitud o combinaciones de estos problemas. Se asocia con síntomas motores y no motores. Entre los motores: temblor, rigidez, dificultad para realizar tares finas, trastornos de la marcha (acompañada de bloqueos súbitos y da la impresión de que la persona se hubiera quedado pegada al piso),  caída de saliva por la boca, poca expresión facial (puede parecer aburrida, distante, ausente, fastidiada, incluso en circunstancias en que no debería estar así y probablemente no lo esté).

Entre los síntomas no motores más importantes se encuentran la depresión, trastornos de sueño y neuropsiquiátricos, que ocurre en algunos casos a largo plazo.

¿Existen pruebas, análisis o estudios especiales para corroborar el diagnóstico?

Lamentablemente no los hay y el diagnóstico es clínico, es decir, el médico especialista (Neurólogo), a través de una exploración física, le dirá el diagnóstico. Los exámenes complementarios, como la tomografía o la resonancia magnética, se utilizan en ocasiones para descartar otros cuadros, más que para confirmar la EP.

¿Qué tratamientos hay?

Hay tratamientos clínicos, farmacológicos y quirúrgicos. El tratamiento se basa en medicamentos,  pero algunos pacientes pueden beneficiarse con la cirugía. El tratamiento quirúrgico se reserva para pocos pacientes y entre otras cosas se analiza la falta de respuesta satisfactoria a los medicamentos o la aparición de ciertos efectos colaterales que impiden su respuesta adecuada. No es para todos y la base del éxito de la cirugía, en gran medida, está dada por la correcta selección del paciente que se va a operar.

¿Se puede prevenir?

Debido al desconocimiento de la causa de la enfermedad, actualmente no hay forma de prevenir su aparición.  No obstante, a pesar de carecer de un tratamiento preventivo, una vez han comenzado los primeros síntomas y se ha confirmado el diagnóstico, existen medidas que pueden favorecer una mejor situación global del paciente y mejor evolución. Estas medidas se basan en una atención integral del paciente que incluya, tanto tratamiento farmacológico de los síntomas como tratamiento no farmacológico: ejercicio físico, alimentación adecuada, fisioterapia, logopedia, que permitan mantener la mayor independencia posible del paciente.

Es de vital importancia tener conocimiento acerca de enfermedad de Parkinson diagnóstico, evolución y tratamiento así como de sus consecuencias para los afectados, familiares y cuidadores.

 

DRA. RUBI BERENICE ORTIZ HERRERA

NEUROCIRUJANO

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